Sobre mí

¡Hola a todos!

Me llamo Patricia, aunque por aquí me vais a conocer como la escritora sin cabeza. ¿Y por qué escritora sin cabeza? Porque quiero ser escritora… y si fuera por mis despistes, perdía la cabeza, al más puro estilo del jinete sin cabeza ^-^.

 

Sobre mi yo personal:

  • Sólo soy alguien intentando ser buena persona. Se dice que la vida es un suspiro, pero soy consciente de que a medida que avancen mis pasos puedo perderme a mí misma, sin ver ver las huellas que he dejado atrás. Por eso, sólo soy alguien intentando ser mejor persona, con mis principios, mis normas de moral y mis defectos que pulir… y, en el mejor de los casos, eliminar.

 

Sobre mi yo escritora:

  • Quiero ser escritora. Con doce o trece años lo decidí. Es una historia curiosa que nunca me canso de contar, porque me encanta. Vi la película Crepúsculo, aunque no quería, porque vi sólo un trozo de trailer y me pareció muy lóbrego (vi la parte en la que James pelea con Edward), pero como mi hermana se había leído desde antes los libros, fuimos. Al salir del cine la película me había encantado y todo el camino de vuelta a casa estuvimos mi hermana y yo haciéndole preguntas sobre los libros a mi hermana. Ahí cuando me aficioné de verdad a la lectura. En mi cumpleaños, mi abuela por parte de padre me regaló dinero, ¿y en qué me lo gasté? En el libro Crepúsculo, con la portada de la película y la edición de bolsillo que habían sacado a propósito de ésta. Me leí los cuatros libros y, las últimas páginas de Amanecer (el cuarto libro) no las quería acabar. Sentía que no podría leer otros libros después de aquellos, y tampoco podía releerlos porque no sería lo mismo. Aquella mañana me levanté al acabarlo toda decidida, me fui a la habitación donde estaban mi hermana y mi madre, y les dije, toda decidida, que quería ser escritora. Si no podía leer, crearía mis propias historias. Recuerdo incluso que estaban viendo por el ordenador videos de La leyenda del Buscador, una serie que nos encantó (y cuyos libros, La espada de la verdad) más tarde empezaría a leer. De esa manera, empecé a pensar en mis primeros personajes, en la trama de la historia. Creé a la protagonista inspirándome físicamente en el personaje de la serie, Kahlan Amnell, la madre confesora (Bridget Regan), y a partir de ahí nació todo. El primer libro que empecé a escribir se convirtió en el penúltimo de la que se convertiría en mi saga favorita (es algo así como una saga partida) que clasifico bajo el pseudónimo #ProyectoTP. El principio recuerdo que se lo pasaba a mi profesora de castellano, Ana Escrig, que ya había leído algunas poesías mías. Todos tenemos profesores especiales, y creo que hay que valorarlos como tales, de hecho, si algún día ese libro lo acabo y llega a ver la luz, se lo dedicaré a ella, sin duda alguna, no podría ser de otra forma.

 

  • Yo digo que a los 12 o 13 empecé a escribir, pero la verdad es que ya creaba historias antes siquiera de saber escribir, de hecho, yo se las dictaba a mi madre y ella las escribía. Era por entonces una niña muy pequeña, claro, pero todavía recuerdo lo que ahora sé que fue un Fanfic sobre la princesa Jasmine, de Aladdin con el malvado Jafar de por medio. Ojalá pudiera tener ese escrito aún. También era yo, y no mi madre, la que le contaba cuentos inventados por las noches, aunque me acababa cansando, la verdad, ¡también yo quería escucharlos, ¿eh?! Y en el colegio recuerdo al menos una vez imaginándome un descapotable rojo volador, ¡como el de Lilo y Stich!, en clase, junto a la ventana del lado del escritorio de la profesora (Adela, por aquel entonces), de tal manera que miraba un flamante descapotable volador que me encantaría conducir pareciendo que prestaba atención a la profesora, ¡muy bien Patty! Además, en los patios, tenía a mi amigo Noel, con el que jugábamos a librar batallas invisibles con armas terriblemente inexistentes por suerte. Sobretodo recuerdo el bazoka y los berrinches que me pegaba yo porque el siempre se las apañaba para ganar, ¡venga ya! Yo le había disparado, le había atravesado cuanto objeto afilado era capaz de imaginar, ¡no podía ser tan inmortal! Pero claro, como tampoco se veía la sangre… Pero a mí eso siguen siendo trampas y orgullo de chico, qué queréis que os diga. Conclusión = Todo en mi vida ha sido cuestión de imaginación.

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